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Corriendo con la cabeza

El atletismo no es un deporte especialmente peligroso para la cabeza, pero siempre hay riesgos y debe estar alerta

Cuando el atleta dice que corre con la cabeza lo cumple a cabalidad. Todos los movimientos se coordinan desde ahí, por lo que resulta clave que se pueda concentrar al máximo en cada paso, cada movimiento, cada detalle técnico, antes que en el resultado mismo.

La cabeza es el centro de mando y por eso es importante hacer conciencia de su conformación y su funcionamiento.
Empecemos por recordar que el cráneo está constituido por ocho huesos constantes (2 pares y simétricos; 4 impares y mediales) y por los huesos wormianos.

Las articulaciones de los huesos del cráneo y la cara entre sí no presentan ningún tipo de movimiento. Además, está la articulación del maxilar inferior con los temporales o articulaciones temporomaxilares.

La cabeza también tiene presencia de músculos. Se trata del occipitofrontal, el temporoparietal, el masetero, el buccinador, el orbicular de los ojos, el orbicular de la boca y el músculo esternocleidomastoideo, en el cuello.

En una carrera, el atleta debe saber que corre con su cabeza y que debe protegerla en todo momento de golpes, choques o riesgos propios de la actividad al aire libre.

Si bien se trata de una práctica relativamente segura para esta parte del cuerpo, una lesión recurrente para los deportistas es la conmoción, que a veces puede llegar por un golpe directo o por una sacudida violenta debido a un golpe en el cuerpo.

 

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Si usted es consciente de haber sufrido un golpe de este tipo, permanezca atento a los siguientes síntomas, que lo obligarán a consultar a un especialista: dolor de cabeza, trastorno en la visión, mareos, pérdida del equilibrio, confusión, pérdida de la memoria, pitos en los oídos, dificultad para concentrarse y náuseas.

Si a eso se suma la sensación de rigidez en el cuello, dificultad para caminar o alzar los brazos, dolor incontrolable de la cabeza y vómitos frecuentes, o somnolencia poco habitual o convulsiones, debe dirigirse lo más pronto posible a un sitio de atención médica.

El médico realizará pruebas de su fuerza, sensibilidad, balance, reflejos y memoria y, de sospechar algo más delicado, ordenará radiografías especiales de la cabeza (tomografías o resonancia magnética).

Si su caso no es tan extremo pero aún así presenta dolor, consulte con un médico sobre el medicamento que puede tomar. Tenga en cuenta que no cualquier antiinflamatorio le servirá, pues algunos pueden aumentar el riesgo de un sangrado interno, cuyas consecuencias pueden ser letales.

Es la gravedad del impacto lo que determinará su incapacidad médica para volver al entrenamiento. En promedio, el tiempo requerido es entre una y dos semanas. No olvide que un deportista que vuelva demasiado pronto tras una lesión compleja de este tipo puede sufrir lo que se conoce como “síndrome de segundo impacto”, que puede ocasionar un flujo anormal de sangre al cerebro, potencialmente mortal.

Las conmociones reiteradas pueden generar un daño permanente, según se ha demostrado con pruebas científicas.

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