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¡Hágale la vida más fácil a su espalda!

Cuidar la postura es vital para su salud, para su comodidad y para su rendimiento en carreras atléticas.

La espalda tiene la ingrata función de sostener el cuerpo y permitir el movimiento. Y es ingrata porque pocas veces se hace conciencia de lo importante que es mantenerla siempre firme para que soporte correctamente la gravedad, tanto en momentos de actividad y de reposo.

La espalda es la protectora principal de la columna vertebral, compuesta por 33 vértebras separadas de tal manera que generan flexibilidad y permiten el movimiento. Las vértebras se interponen en la parte cervical (conforman el cuello y dan movilidad con sus siete vértebras), dorsal (de la octava a la vértebra 19) y lumbar (de la 20 a la 24).

Las siete cervicales, 12 dorsales y cinco lumbares están separadas por los 23 discos intervertebrales correspondientes. Las cinco sacras están fusionadas, al igual que las cuatro coccígeas, formando los huesos sacro y el cóccix.

Alrededor cuenta con una importante estructura muscular que genera una contracción potente, la cual hace contrapeso y compensa el movimiento del resto del cuerpo.

 

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Este complejo sistema muscular incluye los paravertebrales, que trabajan en alianza con los abdominales, y el músculo psoas ilíaco, para mantener la columna recta de tal manera que se forman un conjunto de fuerzas opuestas que tienen como misión mantener en una posición adecuada el raquis con respecto a la espalda. La firmeza se complementa con unos glúteos fuertes y una pelvis bien trabajada, cuya consecuencia final es la estabilidad.

Los dolores de espalda

Las lesiones de espalda más frecuentes son las contracturas musculares, que no son otra cosa que un movimiento persistente e involuntario del músculo.

¿Cómo se producen? Al exigirle a los músculos un trabajo superior al que pueden hacer o al quitarles totalmente la intensidad, manteniendo una postura incorrecta por demasiadas horas. La contractura de un músculo activa directamente los nervios del dolor, lo cual desencadena el dolor de espalda.

Además, el músculo contracturado puede comprimir la arteria, disminuyendo su riego sanguíneo, por lo cual se expone a sufrir lesiones más graves con movimientos muy simples. Si a eso se suma que los factores desencadenantes del dolor no se corrigen (mala postura, exceso de exigencia, etcétera), la situación se vuelve crónica y el dolor no desaparece nunca.

La solución en estos casos es simple y clara: hacer ejercicio físico adecuado, personalizado y responsable, lo que es fundamental para romper la tendencia.

Por otra parte, existen algunas anomalías del raquis o desequilibrios de la musculatura que hacen que algunos grupos musculares trabajen más de lo necesario, lo que puede ser una predisposición a sufrir contracturas.

En casos muy específicos, hay complicaciones graves como la escoliosis, que consiste en la desviación lateral de la columna vertebral.

En la mayoría de los casos se trata de defectos congénitos en la formación de la columna vertebral en el vientre materno o llega a ser causa de distrofias musculares severas, entre ellas en Síndrome de Marfan.

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