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La importancia de los pies para el atleta

Foto:La importancia de los pies para el atleta

El pie consta de 28 huesos que se mantienen unidos mediante músculos, ligamentos y tendones. Tiene 32 músculos y tendones y su función es mantener el cuerpo en equilibrio y controlar los movimientos. Los músculos de la pierna dan fuerza al pie y los músculos del pie sirven principalmente para conservar la estabilidad y la dirección.

Los tendones, puntualmente, son “cuerdas” fuertes no elásticas con las que los músculos se fijan a los huesos. Se ocupan del equilibrio dinámico y la forma del pie. Después viene el arco del pie, una estructura flexible arqueada que se forma mediante una serie de huesos y se mantiene unida por medio de tendones.

Cuando se hace presión o hay peso sobre el arco del pie, los tendones se ocupan de que éste se doble para dosificar así las fuerzas que provocan en el cuerpo el ir andando y evitar golpes. El pie tiene un arco grande a lo largo de la parte interior más tres arcos más pequeños: el arco medio sobre el antepié, un arco lateral en la parte exterior y una cavidad corta debajo del retropié.

Además, el pie tiene 109 ligamentos que funcionan como bisagras para mantener unidos huesos y articulaciones. Los ligamentos se componen de “fibras”, y aunque son fuertes, no son tan elásticas como los músculos. Los ligamentos mantienen unidos los huesos, en particular los huesecitos del tarso, de manera que cuando les presione el peso, éstos se puedan flexionar. Son los responsables de la forma estática del pie.

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Es importante recordar que el peso se distribuye sobre seis puntos de apoyo formados por los huesos. Aproximadamente la mitad del peso lo soporta el cuboides. Las desviaciones en la estructura del pie que perturban la distribución usual del peso provocan dolencias e irritación.

Finalmente, los dedos son los responsables del agarre en el suelo. Dan el último empujón cuando el pie da un paso, por lo que el peso se traslada al otro pie. Aunque el dedo gordo carga con una parte del peso del cuerpo en cada paso, no descansa ningún peso sobre ese dedo cuando estamos de pie. El agarre que tienen los dedos es importante para nuestro equilibrio y ayuda a moverse hacia adelante.

Ahora, ¿cuál es el aporte de esta estructura en el atletismo? Lo primero es hacer conciencia de cómo se producen todos los movimientos; a la hora de correr, el trabajo se divide en varias fases: la primera es la de apoyo, que va desde que el pie toca el suelo hasta que el centro del pie de apoyo se encuentra con la vertical de apoyo del pie. En ese momento comienza la fase de impulso, que se extiende hasta que el pie deja de tocar el suelo.

La fase de vuelo es el breve momento en que ninguno de los dos pies está en contacto con el suelo. En cada fase se activan distintos músculos que cumplen funciones variadas. Cuando el pie contacta con el suelo, al inicio de la fase de apoyo, se contraen los músculos del cuádriceps, el músculo tibial y los músculos tensores y extensores de la planta y de los dedos del pie.

Estos músculos reciben el impacto y mantienen estables las articulaciones de la rodilla y el tobillo para que no se flexionen demasiado; luego, uno de los músculos del cuádriceps, el recto femoral, continúa contrayéndose y ayuda a acelerar la cadera hacia adelante. De manera alterna se activa el trabajo de los glúteos, y de ahí en más trabajan los músculos hacia arriba.

El pie, que resiste el peso del cuerpo, requiere cuidados especiales antes y después de la competencia o entrenamientos, con estiramientos y rutinas de flexibilización que hacen más amable su vital y difícil tarea.

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