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Mitos y verdades de la crioterapia

Más allá de un método estético, es una herramienta de recuperación para atletas de alto rendimiento

Aunque le atribuyen virtudes de todo tipo, la verdad es que la crioterapia es mucho más que una moda o un capricho de los deportistas y puede convertirse en una aliada fundamental para mejorar el rendimiento.

La crioterapia es una técnica que consiste en usar bajas temperaturas con fines terapéuticos y someter al cuerpo a temperaturas muy bajas, de hasta -190 grados centígrados, a través de nitrógeno condensado en una cámara especial.

El frío se usa frecuentemente en fisioterapia, pues permite tratar distintos dolores articulares y musculares y varios tipos de lesiones.

Con el tiempos se ha comprobado que su uso en todo el cuerpo tiene beneficios a nivel sistémico y permite ver excelentes resultados.

¿Por qué alivia? Porque activa las alarmas en el cuerpo y se liberan mecanismos autoinmunes que pueden mejorar el estado de salud. Además, el efecto de vasoconstricción permite liberar endorfinas a nivel cerebral y aumentar, de esta manera, la sensación de bienestar.

 

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Hay que decir que al enfriar de esta manera tan drástica el cuerpo se activan señales para el proceso metabólico, lo que supone una quema de grasa superior, una activación del sistema inmune y un efecto desinflamatorio en músculos y articulaciones, con la consecuente desaparición del dolor.

Funciona muy bien para personas que sufren fibromialgia, artritis o artrosis y para deportistas de alto rendimiento que someten los músculos a demasiada carga. Como añadido, los dolores lumbares, las lesiones agudas y los traumatismos presentan una franca mejoría.

Las únicas contraindicaciones conocidas son la intolerancia al frío, las lesiones en la piel que se activen con bajas temperaturas y los pacientes que sufren el síndrome de Reynold. Además, no se recomienda en menores de 16 años, a menos que se trate de atletas y a través de una prescripción médica.

Para los atletas, esta técnica es especialmente recomendada pues reduce los edemas y la inflamación y facilita la recuperación, casi en tiempo récord. Sin embargo, es muy importante aclarar que se requiere de asesoría de expertos y acompañamiento médico para no exponerse a riesgos innecesarios.

No se trata de una terapia diaria sino que debe limitarse, máximo, a tres veces por semana.

Las cámaras de crioterapia usan nitrógeno para producir un frío seco que permite bajar a niveles críticos la temperatura, con lo cual se evita el dolor. Vale decir también que cada inmersión en la cámara no debe superar los tres minutos por sesión y es necesaria la compañía de un médico especialista.

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