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De beber 30 cervezas al día a correr 30K diariamente con un yoyó

Casi nueve años atrás, Scott Searle, hoy con 40, no imaginaba que su vida cambiaría de una forma tan radical. El nacido en Iowa, Estados Unidos, padecía alcoholismo y llegó a tomarse 30 cervezas por día en sus peores momentos.

Hoy, sabiendo que el deporte le salvó la vida, entrena y disputa ultramaratones maniobrando un yoyó, que lo ayuda a concentrarse y a mantenerse motivado.

En 2008, Searle ya había infringido una serie de leyes estadounidenses relacionadas a la embriaguez. Era alcohólico desde hacía 10 años, y lo que era un medio para socializar se transformó en un hábito.

“Me tomaba 30 cervezas por día. Llegué a quedar en coma, a ir preso. Me despertaba y pensaba ‘estoy con mucha sed’, era horrible”, dijo Scott en entrevista con Runner’s World.

 

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En noviembre de ese año, el norteamericano resolvió que debía cambiar algo. Sus padres lo dejaron en el gimnasio, una práctica que ellos acostumbraban, pero en vez de salir por la puerta de atrás y meterse en el primer bar a la vista, como siempre hacía, se forzó a hacer algunos ejercicios. “Cuando volví para casa, estaba sobrio”, dijo Searle. “Eso no sucedía desde hacía una década”, agregó. 

Al día siguiente, hizo lo mismo y obtuvo el mismo resultado. Y siguió así una semana, un mes… Usar el running como actividad física regular fue consecuencia de la nueva rutina saludable. De la caminadora fue para la calle y, casi sin pensarlo, en 2009 disputó su primera media maratón.

Mantenerse sobrio, correr cada día más

“Al principio, no conseguía correr más de 30 segundos. Entonces, corría 30 segundos y caminaba tres minutos. Así fui evolucionando”, explicó Searle.

Tras seis años de corrida ininterrumpida, Scott encontró un accesorio que lo ayuda a concentrarse y a motivarse: un yoyó. Este juguete requiere su atención, haciendo que no renuncie a continuar corriendo y, consecuentemente, lo hace más responsable. “Las personas me ven como ejemplo corriendo. Eso me inspira, me hace seguir sobrio”, dijo Searle, que ya lleva ocho años sin tomar alcohol. 

El corredor del yoyó completó ultramaratones de 80 y 160 kilómetros en los Estados Unidos. Y, diaramente, corre de 20 a 30 kilómetros, siempre con el juguete en mano, por las calles de la ciudad. “Correr me salvó la vida y, claro, puede salvar la de otros”, dijo.

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